¿Quien como Dios?

23 mar. 2010

Cuando la limitación toca tu puerta

9 comentarios
Es cierto, somos limitados.

Muchas veces se nos insiste en esto: nuestra capacidad es limitada, nuestras fuerzas son muy inferiores a lo que creemos; a diario nos lo repiten y no lo creemos. Esa extraña soberbia de sentir que podemos con todo invade silenciosamente nuestra alma como un veneno en el aire que no lo vemos pero que está allí presente para hacernos daño.

8 mar. 2010

Ahora si el balanceo

0 comentarios
El post anterior tenía toda la intención de hablar sobre las virtudes pero como verán terminé en otro tema. Hoy si quiero que sigamos juntos haciendo un plan concreto de trabajo en las virtudes. Para quienes apenas inician, al final relaciono los post que se encadenan con el actual.

Se supone que ya tenemos identificados nuestros pecados comunes o malos hábitos; también hemos escogido uno de ellos y vamos a trabajarlo fuertemente este año hasta llegar incluso a obtener la virtud que lo combate. Por último lo que hicimos fue sacar un listado de acciones con los cuales se manifiesta en nosotros dicho pecado. 

2 mar. 2010

Listo el cambio de aceite. Ahora alineación y balanceo

0 comentarios
Bueno, ya he renovado el aceite de mi lámpara gracias a Dios lo cual reaviva el fuego de mi espíritu. Es tarea mía no dejar que esa llama pierda fuerza. Para los que no saben de qué hablo pueden leer el post anterior (movimiento telúrico en el alma); mis disculpas si les estaba hablando en chino.

Como anecdótico de esta confesión les cuento que me causa curiosidad la forma en la que los sacerdotes asignan las penitencias. Muchas veces no veo proporción directa entre la falta cometida y la pena impuesta; a veces se confiesan cosas que son más graves y la penitencia es liviana, y en otras confesiones solo se confiesan pecados veniales y la penitencia aparentemente es más grande. Es anecdótico más no malo. Normalmente siempre juzgamos desde nuestro lado humano pero recordemos que esto es un sacramento divino.

El ejercicio que hago siempre que me confieso es cerrar los ojos y pensar que allí está sentado Cristo nuestro Señor, y es a Él a quien escucho por labios del sacerdote cuando me aconseja y corrige; de la misma manera recibo la penitencia y por eso estoy seguro que esa penitencia, sin importar su intensidad, es lo mejor para mi alma. Veo muchas veces que lo que el Señor quiere, además de reparar el daño, es que avancemos en santidad. Y si Él nos habla a través del sacerdote en aquel momento sublime ¿Por qué no hacer lo que nos pide con todo el amor? “Haced lo que Él os diga” dijo nuestra Madre; qué mejor momento para aplicarlo.

Bueno, iba a continuar con el tema del crecimiento en virtud pero como verán el Espíritu Santo me llevó por donde Él quiso. Así que para el próximo post si pienso hablar del tema. Ya tengo acumulado para la próxima :D – La alineación y el balanceo quedan pendientes jeje.

1 mar. 2010

Movimiento telúrico en el alma

3 comentarios
Días de grandes terremotos son los que vivimos actualmente. Es impresionante ver como día tras día recibo noticias de que tembló aquí y allá. Los más recientes y feroces: El de Haití y el de Chile.

Parece algo contagioso, una pandemia sísmica que no respeta estrato, credo, cultura, ni nada.

Ante estos cataclismos, casi apocalípticos viene a nuestra mente aquello que nunca queremos recordar: hay que estar preparados porque nadie sabe el día ni la hora; y no me refiero al fin del mundo, o al final de los tiempos sino a lo más evidente que tenemos: el final de nuestra vida. Porque con todo esto nadie nos puede garantizar que mañana no seamos nosotros los que estemos en dicha situación; es crudo, lo se, pero la realidad lo es aún más.

Este post nace del pensamiento que tuve al ver todos estos acontecimientos tan cercanos y tan posibles en nuestras ciudades; este pensamiento fue “tengo que ir a confesarme”. Y es que debemos recargar de aceite nuestras lámparas porque realmente no sabemos cuando llegará el novio y que tal nos encuentre con las lámparas apagadas!

La confesión debemos procurarla muy de seguido en nuestras vidas. Es un renovar del aceite que mantiene la llama encendida de la gracia en nuestra alma. Y no son estos eventos lamentables los que deben recordárnoslo; es nuestra vida misma que nos recuerda cada día que en cualquier momento dejamos de existir para este mundo. Como dicen en la calle “el único requisito para uno morirse es estar vivo” y creo que si estas leyendo esto, cumples el requisito.

Que esta Cuaresma sea un verdadero camino de conversión, y qué mejor que una conversión que inicie con una buena confesión y que adquiramos el hábito de confesarnos muy frecuentemente. Óiganlo bien, MUY frecuentemente. Las gracias que se obtienen no tienen precio